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¿Verdad? Es algo maravilloso, siento su grandeza y en la primera impresión me lleva a lo majestuoso.
Siempre que me he detenido a mirarlo pienso: ­Es el Olimpo, la morada de los dioses! Gloria eterna a ellos, parece recordarnos cada instante.
Podemos llegar a él, adentrarnos en sus profundidades. Podría ser un sueño, la visión que el héroe necesita para encontrar el talismán. Todo queda escrito.
Sus inmensas columnas unen lo cercano y eterno, no han podido detener el efecto devastador del tiempo, no existen capiteles, extremos aniquiladores. Todo se rompe en su interior, fachada deslumbrante cerrada a la realidad exterior por un dominador.
Los leones cancerberos suplantados, han perdido el poder sobre la selva, disfrazados de jolgorio y fiesta.
Como expresión de todo lo contenido, se materializa en un río sangriento que consigue hacerse visible.
Ante nosotros, el ave rapaz, el águila imperial que ha dejado de volar para poner sus garras cumpliendo su destino.
Acude a la carroña.

MONCHOLC, hasta hoy. Pág: 10