Vacio de poder

Vacio de poder

Un gran portalón separa dos mundos. Esta puerta, que se encuentra abierta, queda fija a una valla que sirve de  freno,  evitando sea traspasada con nocturnidad. 
Muro infranqueable que no se deteriora con el tiempo,  se  cuidan los detalles, el techado se  sustenta  en  buenas  vigas de   madera   y   ocasionalmente  alguna   teja  requerirá  de  reparación. Dos farolas son  servidoras  de  seguridad  para  una identificación. El contraste se deja ver con el interior, un  frondoso   pasillo   a   la   paz,   aislados   y   sin   molestias,  permisividad desconocida, irrealidad, quién sabe. 
Centramos la mirada, un sillón egregio, en perfecto  estado,  colocado sobre un llano de tierra, ha  quedado  al  otro  lado,  en el exterior, con un árbol y un seto. 
Estos  protegen  su  enclave  tras  las cadenas. 
En espera de una  decisión,  abandonado  a  su  suerte,  su  existencia depende del uso que le  quieran  dar.  Podrá  estar  olvidado o presidir  un  salón.   Deberá  esperar  que  alguien  recuerde que está ahí. 

MONCHOLC, hasta hoy.  P. 88
                  Dra. Abad