Autorretrato en Huelva

Autorretrato en Huelva

                     » A mi esposa con amor y en silencio…» 
Me ha entregado todo, y él está ahí para encontrarle siempre. 
Se superpone a su rostro un detalle de  la  representación de una antigua tradición, los empalados, recuerdo  del  pueblo  del  culto al sufrimiento, una plegaria del perdón. 
Fueron años de un comienzo duro, donde afianzar el futuro. 
Frente despejada y pelo algo cano. El rostro deja  al  descubierto las señales del tiempo, queda abierto, sin protección, sin máscaras. 
Natural, nada inquieta en su mirada, serena y segura  de  observar lo que desea. 
Admite el daño físico y moral. 
Pierde, si es necesario, parte de su esencia, pero en  ningún  caso la fuerza. Ríe porque está por encima de las adversidades. 
Cuando encuentro a una persona,  miro  sus  ojos  y  advierto  su presencia  interior. 
Está libre de maldad, no hay rencor porque todo se  supera  si es por el ser amado. No es posible el desencanto, siempre  hay  algo nuevo. 
Con él estoy segura, no hay miedos,  juntos  justificamos  nuestra existencia. Preparamos  nuestra  lucha  encarnizada  por  nuestros objetivos, sin dar un paso atrás. 
¡Qué mayor canto a la belleza del ser humano! 
La grandeza de su AMOR. 

MONCHOLC, hasta hoy.  Pág: 64.
                    Dra. Abad.